La naturaleza es tan bella y yo no quiero ir en contra de ella. Dios es tan prefecto, si quieres creer en él, así me creo y no tengo más que agradecerle, por permitirme conocerte. Más que daño hay, ¿porque ir en contra del amor? Tú me quieres y yo te quiero. Amémonos por favor. Dices que sí fuera de otra forma me amarías, quisiera creer que es verdad. ¿Cómo puedes pensar así? Como amar lo que se ignora. Yo amo la verdad. Que tonto soy al fin, capaz destruirme con tal de amarte a ti. Si tan sólo fuera verdad que me amarías, sin titubear lo haría. ¿Pero que gano al fin? Me has dicho que no me quieres, que no me amas así. Destruiría el templo más hermoso que poseo por complacerte a ti. Diría adiós a las hermosas columnas salomónicas de plantas chuecas y alfonsinas. Las tornearía a tu gusto. Destruiría el cáliz de mi sangre por un hoyo abismal para complacer tu instinto animal. Rompería el espejo de santidad y justicia, destruiría la fachada mocetona que me toco, hecha por albañiles indígenas y españoles ¡Por ti la haría quiñones! No importando los dolores, que en el cuerpo y en alma cause, por ti me reduciría a cenizas, a letras y paletas de colores. Todo esto por ti haría y más, con tal de despertar a tu lado y sentirme amado por ti, sólo por ti y nadie más.
¿Acaso es mi pobreza la que te espanta? Te cuento que hoy desayune cucarachas en jugo de papaya. Soy pobre lo admito y a veces millonario de ocasión. Hombre de colores, tildes y dolores que no tiene para un jubón. Pero te quiero, te quiero hasta el alma, te comería como un jamón. Tú serías mi esperanza, mi presente. Lo eres ahora mismo que por ti ando ausente, doliente, penitente de pasión. El poderoso ha hecho en mí cosas chicas, nací pequeño y he de morir no grande. ¡He de morir Chavela una tarde! Una tarde de lluvia, pa’que mi cuerpo se lave.
No quiero quererte como te estoy queriendo, pero en el corazón no se manda. Ahora que estoy lejos de ti, mi cuerpo gime, te reclama. Quisiera que la noche me trajera la calma. No quiero y quiero a la vez morir. ¡Que se eleve la cama! Que termine la función y que sea otro cuerpo el que te implore, que otro sea el que te aclama. Tengo tanto que decir y las palabras no me alcanzan. Todos estos signos no son suficientes, agrupados uno a uno, y quizás nunca las leas, pero las escribo para desterrarme del reloj que es cruel agorero, fiel mensajero de la muerte, que no se detiene y que me traga en el infinito laberinto de su paso de locura. Tic, tac, tic, tac, ya no sé si es mi corazón o el cronometro de este sufrido amor lo que me mata. Nada me ata, me he de ir. Loco de amor, loco de muerte, loco, loco, loco.
Loco de amor de ti, loco por ti. Demente trastornado mongol idiota desequilibrado desde el primero momento en que te vi y olí.
Loco puedo estar por el brillo de tus ojos, por quererme destruir, para así ganarte a ti. ¡Que se pierda! ¡Que se pierda! ¡Que se pierda Emmanuel Espín P!